¿Sabías qué?
El 14 de septiembre de 1988, el huracán Gilbert azotó tierras quintanarroenses. Durante horas, el viento, la lluvia y el mar golpearon Cancún, Cozumel, Isla Mujeres y numerosas comunidades de la zona norte. Cuando todo terminó, techos, árboles, postes y embarcaciones formaban parte de un paisaje difícil de reconocer.
Después vino el recuento. Había familias sin vivienda, caminos interrumpidos y poblaciones que esperaban agua, alimentos y noticias. Los primeros cálculos situaron los daños materiales en 90 mil millones de pesos de la época, una cifra todavía provisional frente a lugares a los que ni siquiera se había podido llegar.
Isla Mujeres quedó especialmente lastimada. Entre 70 y 80 por ciento de sus viviendas perdió el techo. Las calles se llenaron de escombros y varias embarcaciones terminaron fuera del agua. En Lázaro Cárdenas, 34 comunidades sufrieron daños y cerca de 70 mil hectáreas de maíz quedaron afectadas. Para muchas familias, la pérdida alcanzó también la cosecha de la que dependían.
Cancún pasó los días siguientes parcialmente a oscuras. Cuatro días después, apenas 35 por ciento de la población había recuperado la energía eléctrica. Los vuelos comenzaban a salir otra vez y la carretera hacia Mérida podía recorrerse, aunque con precaución.
Frente a la costa se desarrollaba otra tragedia. Gilbert había volcado al barco camaronero El Triunfador. Para el 18 de septiembre se habían recuperado 12 cuerpos; 13 de sus 28 tripulantes sobrevivieron y la búsqueda aún no concluía.
La ayuda avanzaba como podía. Llegaron 120 toneladas de alimentos para la zona norte y cerca de 50 toneladas de víveres para Cozumel. Al mismo tiempo se reparaban redes eléctricas, comunicaciones, caminos y viviendas. Hubo solidaridad, pero también cobros excesivos, saqueos y conflictos durante la distribución de los suministros.
En esos días comenzó a circular una frase breve: “Cancún sigue adelante”. Expresaba bien el momento. Todavía quedaban calles por limpiar, servicios por recuperar y familias que no sabían cuándo podrían volver a casa, pero la reconstrucción ya había empezado.
Quienes vivieron Gilbert aún recuerdan el sonido del viento, la espera y la imagen que encontraron al salir. Para las generaciones posteriores permanecen los documentos de aquel septiembre: fragmentos de una historia que cambió a Quintana Roo y que forma parte de su memoria colectiva.
Fuente: Novedades de Quintana Roo, domingo 18 de septiembre de 1988, año XIII, núm. 4945. Acervo hemerográfico del Archivo General del Estado de Quintana Roo.







